martes, 16 de junio de 2015

EL REGRESO DE LAS 343 «GUARRAS»



EL REGRESO DE LAS 343 «GUARRAS»

Nunca pensé que en pleno siglo XXI me tocaría escribir un artículo sobre el aborto.  Por muy surrealista que parezca, desgraciadamente es así.
No voy aquí a relatar el proceso histórico de la legalización del aborto, ni voy a incurrir en un análisis científico desde una perspectiva sociológica, sino que voy a hacerlo desde mi voz de mujer, de mujer indignada.
Ni tan solo voy a escribir, voy a gritar, gritar para denunciar la inmundicia de la innegable injustica de un gobierno arcaico, que en base a su ya tan reclamada mayoría absoluta gobierna con absoluto totalitarismo.
Para situarnos un poco – y entrar en el termostato de la indignación – aquí los principales puntos de la ley sobre el aborto de Gallardón: en primer lugar, se eliminará la ley de plazos, es decir que la interrupción del embarazo en las 14 primeras semanas dejará de tener vigencia, por lo que se le quita a la mujer el derecho a decidir sobre su cuerpo, esta decisión siendo delegada a un tercero, además de dificultar, por no decir anular, el acceso gratuito a dicha prestación. En segundo lugar, ya no se autorizará tampoco el aborto en caso de malformaciones fetales (se autorizará supuestamente en los casos más graves, todo un eufemismo dependiendo del criterio de quién evalúe… recemos – válgame la ironía – que no nos toque un/a lunática antiabortista), sin tener en cuenta el deseo de la madre así como sus posibilidades económicas. Finalmente, agrupando los dos últimos puntos que, en mi opinión, están correlacionados, se derogará el derecho a abortar a las menores de 16 y 17 años sin el consentimiento de los padres, hecho importante ya que dicha ley no contempla la prevención de embarazos no deseados y la educación en salud sexual, que siguen siendo de especial relevancia en una sociedad en donde persisten tabúes y prejuicios obsoletos derivados de una educación todavía patriarcal y, sí osemos decirlo, machista.
Todo esto nos lleva pues de nuevo a la penalización del aborto, permitiendo así a esos « animales» incluir de nuevo el delito de aborto en el Código Penal.
Vienen a mi mente imágenes en blanco y negro, una multitud de mujeres inundando las calles, sin miedo, juntas, luchando por sus derechos, su libertad. Con esta aberración mal llamada ley, estamos abocadas, las mujeres, a regresar a unos tiempos más que oscuros. Volveremos a ver marchar a aquellas que se lo puedan permitir a abortar al extranjero, las demás, las que no puedan, volverán a acudir a clínicas clandestinas exponiéndose así a las infecciones y a quedarse estériles – eso en el mejor de los casos – o a la muerte. Entiendo que esto es una lucha de todos, pero creo que las mujeres debemos de estar en las primeras líneas, primero por nosotras, luego por nuestras mayores y finalmente por nuestras menores. Yo me declaro en lucha, aunque siempre lo he estado, ahora lo estoy más que nunca. No nos van a quitar lo que tanto ha costado de conseguir, cueste lo que cueste. No sé si recodaréis El Manifiesto de las 343, apelado a posteriori El Manifiesto de las 343 guarras (Le Manifeste des 343 salopes, publicado el 5 de abril de 1971 en el número 334 de la revista francesa Le nouvel Observateur), éste rezaba así:

Un millón de mujeres abortan cada año en Francia.
Ellas lo hacen en condiciones peligrosas debido a la clandestinidad a la que son condenadas cuando esta operación, practicada bajo control médico, es una de las más simples.
Se sume en el silencio a estos millones de mujeres.
Yo declaro que soy una de ellas. Declaro haber abortado.
Al igual que reclamamos el libre acceso a los medios anticonceptivos, reclamamos el aborto libre.

343 mujeres firmaron el manifiesto, un manifiesto en el que declaraban haber abortado en una época en donde esto les suponía poder ser sometidas a procedimientos penales pudiendo ir hasta la encarcelación. 343 mujeres, entre las cuales habían rostros conocidos como los de Simone de Beauvoir, Colette Audry, Monique Wittig, Alexandra Stewart, Marguerite Duras – por citar algunas – todas ellas firmaron, no les tembló ni la mano ni la pluma, sin embargo la gran mayoría de entre ellas no habían abortado…. ¿Por qué lo hicieron? Por  solidaridad, por su amiga, por su hija, por su hermana, por cada una de entre nosotras. Mi pregunta es ahora ¿Nos tocará recurrir de nuevo al manifiesto? Dé por seguro señor Gallardón, en el caso de que sea así, que yo lo firmaré sin miedo ni titubeos, sin vergüenza. Lo firmaré como lo firmaron ellas. Me uniré a todas las valientes «guarras» del mundo entero que un día hicieron historia, labrándonos así el camino, un camino hacia la libertad, la justica y la solidaridad. ¡Ojalá pudiesen usted y los suyos sentir algo de vergüenza! Pero para ello deberían primero dotarse de humanidad.
Han encendido ustedes la llama, cada vez estamos más cerca del estallido. En un decorado de otros tiempos, como mujer, reclamo el derecho a decidir sobre mi propio cuerpo, reclamo el derecho al aborto libre y gratuito, y llamo a todas las mujeres a unirse a esta lucha, a nuestra lucha.
¡Nosotras parimos, nosotras decidimos!
Elisabeth Monerris Navarro.

miércoles, 13 de marzo de 2013

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER: 8 DE MARZO. PORQUE AÚN QUEDAN MUCHAS RAZONES PARA CONMEMORARLO


Todavía son muchos y muchas en preguntarse el porqué del Día Internacional de la Mujer – pregunta no sin doble sentido – así pues, creo sería conveniente empezar este artículo recordando brevemente los orígenes de dicha celebración, desde una perspectiva cronológica, así como las razones que la motivan:
1909: Conformemente a una declaración del Partido Socialista americano, el primer Día nacional de la Mujer fue celebrado en el conjunto del territorio Estadounidense, el 28 de febrero de ese mismo año. Las mujeres han continuado celebrando esta jornada cada último domingo de febrero hasta 1913.
1910: La Internacional Socialista reunida en Copenhague instauró un Día de la mujer, de carácter internacional, con el fin de rendir homenaje al movimiento a favor de los derechos de las mujeres así como para ayudar a obtener el sufragio universal femenino. La proposición fue aprobada por unanimidad por la conferencia, la cual contaba con 100 mujeres procedentes de 17 países, de las cuales las tres primeras fueron elegidas en el Parlamento finlandés. Ninguna fecha concreta fue fijada para dicha celebración.  
1911: Como resultado de la decisión tomada en Copenhague el año anterior, el Día Internacional de la Mujer fue celebrado por primera vez, el 19 de marzo, en Alemania, en Austria, en Dinamarca y en Suiza, en donde más de un millón de mujeres y hombres asistieron a las concentraciones. Además del derecho al voto y de ejercer una función pública, se exige también el derecho al trabajo, a la formación profesional, y el cese de la discriminación en el lugar de trabajo.
1913-1914: En el marco del movimiento pacifista que germinaba a las vísperas de la Primera Guerra Mundial, las mujeres rusas celebraron su primer Día Internacional de la Mujer el último domingo de febrero de 1913. En los otros países de Europa, el 8 de marzo, o a uno o dos días de dicha fecha, las mujeres protagonizaron unas concentraciones ya sea para protestar contra la guerra, ya sea para expresar su solidaridad con sus hermanas.
1917: Tras haber sido asesinados dos millones de soldados rusos durante la guerra, las mujeres rusas eligieron de nuevo el último domingo de febrero para hacer huelga con el fin de obtener “pan y paz”. Los dirigentes políticos se erigieron contra la fecha elegida para la huelga, pero las mujeres hicieron caso omiso. Cuatro días más tarde, el Zar fue obligado a abdicar y el gobierno provisional otorgó el derecho al voto a las mujeres. Ese domingo histórico caía un 23 de febrero siguiendo el calendario juliano por aquel entonces en uso en Rusia, correspondiendo al 8 de marzo en el calendario gregoriano usado en otras partes.
Seguidamente a este breve recorrido cronológico y como bien hemos podido observar en los párrafos anteriores, la esencia del 8 de marzo reside en la conmemoración a la lucha, más que centenaria, emprendida por mujeres de todo tipo de horizontes y épocas. Asimismo – sumando algo de optimismo tal día como hoy – tomaremos a bien de recodar los logros que han resultado de tan constante lucha. Entre ellos, y de los más significativos, está el sufragio femenino conseguido por primera vez – atendiendo al caso español – en 1931, el 1ro de octubre de ese año concretamente. No podemos pues hablar del derecho al voto de la mujer sin nombrar a una de las figuras más importantes dentro de ese proceso democrático, siendo ésta Clara Campoamor (1888 – 1972), cuyos planteamientos ideológicos han ido siempre encaminados hacia una sociedad más justa, en donde los valores de libertad, igualdad y solidaridad no fuesen una mera utopía sino una realidad en la cual se entendiese y contemplase a hombres y mujeres, así lo expresó ella misma:

Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros. (Pasaje del discurso pronunciado por Clara Campoamor en la Cortes el 1 de octubre de 1931 en defensa del sufragio femenino)

Ese mismo año, se aprueba igualmente el matrimonio civil así como el divorcio, derecho que recoge la Constitución de 1931 en su artículo nº43:

La familia está bajo la salvaguardia especial del Estado. El matrimonio se funda en la igualdad de derechos para uno y otro sexo, y podrá disolverse por mutuo disenso o a petición de cualquiera de los cónyuges con alegación en este caso de justa causa.

Cuyos fundamentos vienen inspirados en gran parte de la ley francesa. Estamos viviendo por entonces en España una auténtica revolución – así lo podemos calificar dado el contexto de la época – de la condición femenina, en donde la conquista de una igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres se convierte en uno de los principales objetivos de la lucha feminista. Por la misma, dentro de esta legítima lucha hallamos otras reivindicaciones como unas condiciones de trabajo dignas para las mujeres, el derecho a la educación (las mujeres siendo la parte de la población más afectada por el analfabetismo), el desarrollo de métodos anticonceptivos (defensa de la libertad sexual) los cuales implican el derecho de las mujeres a ejercer el control sobre su propio cuerpo convirtiéndose por consiguiente en sujeto y no objeto de su sexualidad. Eso nos lleva a la promulgación de una ley del aborto, que – para sorpresa de muchos – fue legalizado por primera vez en España en octubre de 1936 gracias a la anarquista Federica Montseny (1905 – 1994), que fue la primera mujer ministra en España así como una de las figuras clave del anarquismo español. De todo lo anterior, es harto sencillo concluir que la Segunda República Española fue un periodo propicio al progreso de la condición femenina, periodo en el cual el mundo entero fue testigo de una gran revolución – considerando siempre el contexto sociocultural, socio histórico y socio económico de la época – eso sí en femenino.
A esta etapa de progreso sucede una etapa de gran recesión, no sólo en el campo de la condición femenina, sino más bien de la condición humana en general, que viene dada a raíz del golpe de Estado acontecido el 18 de julio de 1936 que finalizará, tras cuatro terribles años de una guerra fratricida el 1 de abril de 1939, sumiendo así al país en un oscuro periodo de larga dictadura caracterizada por la supresión de todos los derechos conseguidos hasta entonces entre otras cosas.
Tendremos pues que esperar hasta la muerte del dictador Francisco Franco, para que las mujeres puedan volver a emprender su camino hacia la conquista de sus derechos usurpados así como de nuevos por conseguir. Aunque la lucha de la mujer nunca cesó, asistimos en ese delicado periodo histórico de la historia de nuestro país a un resurgir de la lucha feminista en España, lucha que goza de un gran resplandor en la Europa del siglo XX.
Hemos hablado de feminismo por lo que creo necesario hacer aquí un pequeño inciso dado el desconocimiento aún vigente en base a este término, siendo éste en demasiadas ocasiones mal entendido y por ende mal interpretado. Precisaremos pues adentrarnos brevemente en una definición terminológica de dicho concepto, por lo que tomaré como fuente autorizada la RAE que define el feminismo como: “Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres”, por otro lado también tomaremos como referencia la definición propuesta por Victoria Sau (Licenciada en Psicología y en Historia Contemporánea y profesora de Psicología Diferencial en la Universidad de Barcelona) más desarrollada según la cual:

El feminismo es un movimiento social y político que se inicia formalmente a finales del siglo XVIII y que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión, dominación y explotación de que han sido y son objeto por parte del colectivo de varones en el seno del patriarcado bajo sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquélla requiera. (Sau, Victoria in Diccionario ideológico feminista)

Así pues, alejándonos del término “doctrina” utilizado por la RAE, seguiremos mismamente la visión de Jane Mansbridge (Catedrática de Liderazgo Político y Valores Democráticos en la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard) quien plantea el feminismo como “un movimiento creado en el discurso” entendido a su vez como “el compromiso para poner fin a la dominación masculina”. Finalmente, no podemos tratar de definir el feminismo sin citar a una de sus figuras “madre” y, bajo mi punto de vista, más representativas de dicho movimiento (vertebrándose el mismo en distintas corrientes que por cuestiones de espacio no entraremos a explicar), la escritora, profesora, filósofa y feminista francesa Simone de Beauvoir (1908-1986) que mediante su obra Le Deuxième sexe (El Segundo sexo) marcará un antes y un después respecto del movimiento feminista así como de la condición de la mujer en la sociedad moderna, obra de la cual rescataremos la afirmación ya famosa e impregnada en nuestro imaginario colectivo “On ne naît pas femme on le devient (No se nace mujer: se llega a serlo) (De Beauvoir, Simone, Le deuxième sexe 1, Gallimard, Paris, 1949, p. 285-286).
Al concepto de Feminismo oponemos equivocadamente el de machismo, estableciendo así un antagonismo erróneo, pues el primero no es el antónimo del segundo, el machismo siendo la resultante de un comportamiento social que viene dado por unas costumbres de tradición mediterránea – acogiéndonos aquí al término acuñado por el sociólogo Pierre Bourdieu (1930-2002) – ancladas en una concepción patriarcal del Estado. Por consiguiente, si queremos hacer referencia al comportamiento opuesto al machismo debemos pues hablar de hembrismo que nada tiene que ver con Feminismo.
Tras este breve inciso y habiendo delimitado ciertos conceptos, podemos pues proseguir en nuestro discurso. La lucha de la mujer ha sido ciertamente significativa y la principal responsable de la evolución de la condición femenina en la sociedad actual. No obstante, pensar que todo está adquirido y que el feminismo es cosa del pasado así como que aquellas mujeres que seguimos proclamándonos feministas y defendiendo el movimiento somos “unas nostálgicas ancladas en el pasado” es un terrible error, pues queda mucho por conseguir. Ahora más que nunca debemos de permanecer firmes en la lucha ya que, al igual que aconteció después de la Segunda República Española durante la ocupación franquista, estamos asistiendo a una recesión de los derechos de la mujer. Estamos siendo testigos impasibles de los ataques de un gobierno que amenaza con reformar derechos históricos como son el derecho al aborto, al divorcio así como – mediante una reforma laboral que atenta contra los derechos humanos como bien lo ha afirmado la Comunidad Europea – una vulneración a los derechos de la mujer trabajadora, mermando consiguientemente las condiciones laborales de las mismas.
 Hemos tratado los logros de la lucha de la mujer, queda pues tratar aquellos por conseguir. Dentro de los objetivos que nos quedan por conquistar están, entre tantos: la eliminación total de la violencia de género, la igualdad en los espacios públicos (nos referimos aquí a la violación, violencia que siguen sufriendo todavía muchas mujeres), la igualdad salarial (mismo sueldo entre hombres y mujeres a calificación y trabajo igual), la igualdad de acceso a puestos de alta responsabilidad, la no discriminación laboral por razones de maternidad o posible maternidad, y me dejo muchos otros en el tintero…
Con la voluntad de no extenderme demasiado y de no aburrir – quizás – al lector o lectora que haya tenido la amabilidad de dedicar unos minutos de su tiempo a leer estas líneas, no quisiera acabar este artículo sin dedicar unas palabras a las mujeres amas de casa que, aunque desgraciadamente no se aprecie, han desarrollado y desarrollan un papel fundamental en la sociedad. Mujeres invisibles, cuyo trabajo sin beneficios económicos no sólo no es reconocido sino que tampoco valorado. Esas mujeres también son mujeres trabajadoras, sin sueldo, sin vacaciones ni pagas extras, mujeres que – muchos aquí quizás se desconcierten – han ahorrado al Estado mucho dinero, ya que ellas (sumidas en la llamada esfera privada) han velado por el cuidado de su hogar, hijos, padres, nietos, etc., desarrollando así una importante labor social desgraciadamente no reconocida, razón por la cual hoy quiero aprovechar y restituirles el homenaje que a ellas también se les debe. Por la misma, quiero agradecer a todas esas mujeres invisibles la generosidad de una dedicación desinteresada y que yo considero muy legítima. Quiero aquí – arriesgándome a la mayor de las críticas – reclamar el derecho a un sueldo para esas mujeres en reconocimiento a su trabajo así como a la labor social desempeñada por las mismas.
Finalmente, y para ir concluyendo, quedando aún mucho por decir (perdonadme las omisiones), quiero pues desear un feliz día de la mujer a todas mis “hermanas”, conmemorando y agradeciendo a aquellas que nos han labrado un camino que ahora nos toca definir. Despidiéndome pues con una imagen que espero muchas y muchos podáis entender y sobre todo compartir:

Así esté mi cuerpo en carnes vivas, sangrando en cada poro de mi piel, acusando los golpes que me habréis querido infligir por osar alzar la voz, mi voz de mujer, articulando palabras para algunos blasfemas, seguiré escalando, piedra tras piedra, pues habrá merecido la pena tan sólo tocar la cima para poder vislumbrar el amanecer…




sábado, 9 de febrero de 2013

DE PENSAMIENTOS VARIOS ENTRE LIBROS Y LADRILLOS...


DE PENSAMIENTOS VARIOS


ENTRE LIBROS Y LADRILLOS…

Hace tiempo que no escribo, no por ganas sino más bien por tiempo, maldita sea en ocasiones la vida moderna.
No han sido pocas las cosas que hasta ahora me han hecho pensar… el contexto actual es una auténtica invitación a la desobediencia popular y, sin embargo, a pesar de algunos tímidos brotes, permanecemos en el borreguismo más absoluto.
En un país donde aparentemente ha desertado la cultura, queda pues el resplandor de un “glorioso” pasado enladrillado, cuyo fantasma no se hace menos presente.
Al milagro del ladrillo sumémosle otro tanto de corrupción y obtenemos el ya famoso “MILAGRO ESPAÑOL” (válgame la redundancia). A pesar de una tremenda resaca – y de algunas imágenes un tanto avergonzantes dicho de paso – seguimos de toda evidencia decididos a volver a incurrir en los mismos errores.    
Mientras el anhelo de un cambio es cada vez menos probable de acallar, el núcleo duro de nuestro arcaico sistema se precipita en agrupar a sus dóciles ovejitas – con el fin de que éstas retomen el buen camino – estigmatizando aquellas insensatas descarriadas que tocadas por el fenómeno anti-sistema se han vuelto de lo más radical…. (Perdonadme, pero ahora mismo no puedo evitar sonreír).
Por favor, os  lo ruego, seamos moderados pues la hora es a la moderación y no a la revolución. Que están privatizando la educación y la sanidad que un día fueron públicas??? Que están borrando todos nuestros derechos, que sangre y lágrimas nos han costado conseguir, de un simple y necio plumazo??? Que nos acusan de codicia aquellos que han enviado de vacaciones en paraísos fiscales a sus “dudosos” billetes??? Que la palabra “trabajo” ya no puede ir ligada a “dignidad” sino a “esclavitud”??? Que ser mujer implica per se un estado de sumisión asumible cual verdad absoluta???
Aún así no veo razones para radicalizaciones, pues es sabido que hasta ahora el diálogo nos ha sido de gran utilidad con tan grandes ilustres y abiertas mentes, que tienen a bien de gobernarnos.
Sé y soy consciente de que vuestras avispadas mentes no han podido ver más que la latente ironía que emana del presente texto (me tendréis que perdonar de nuevo pero no puedo evitar volver a sonreír).
Razón por la cual enteréis, queridísimas ovejitas descarriadas mías afligidas por el síndrome del anti-sistema, que os dedique este texto pincelado de tan particular humor negro…
Así pues, sed tan radicales como deseéis, y tomad ese “mal” camino desdibujado en donde una amiga, una tal Solidaridad, me ha contado que al final les está esperando la querida Libertad en compañía de su preciada Justicia.
Nos vemos pues en el camino… 





sábado, 26 de noviembre de 2011

AL PUEBLO.




Aquí me hallo, cual hombre vagando en la oscuridad pensando en los años de luchas históricas de un pueblo a quien la historia no ha hecho justicia. Un pueblo es algo más que un conjunto de seres humanos, un pueblo, EL pueblo, es la viva imagen de los oprimidos, porque por pueblo entiendo aquellos y aquellas que han sido aplastados por las ansias de poder y de codicia de una clase caprichosa, sumida en el egoísmo y la inhumanidad más profunda.
Pobre  mi pueblo, que han ahogado en su ignorancia, miserable legado de unos tecnócratas sin piedad que han usado del mismo con el único fin de esclavizarte. Ellos, los despiadados, han salido victoriosos e impunes. Es hora de que se haga justicia, me viene entonces a la mente un pasaje de Las Moscas de Jean-Paul Sartre que dice así:

JÚPITER.— Egisto, criatura mía y hermano mortal, en nombre de este orden al que servimos los dos, te lo mando: apodérate de Orestes y de su hermana.
EGISTO.— ¿Son tan peligrosos?
JÚPITER.— Orestes sabe que es libre.
EGISTO (vivamente).— Sabe que es libre. Entonces no basta cargarlo de cadenas. Un hombre libre en una ciudad es como una oveja sarnosa en un rebaño. Contaminará todo mi reino y arruinará mi obra. Dios todopoderoso, ¿qué esperas para fulminarlo?
JÚPITER (lentamente).— ¿Para fulminarlo? (Una pausa. Con cansancio, agobiado.) Egisto, los dioses tienen otro secreto...
EGISTO.— ¿Qué vas a decirme?
JÚPITER.— Una vez que ha estallado la libertad en el alma de un hombre, los dioses no pueden nada más contra ese hombre. Pues es un asunto de hombres, y a los otros hombres —sólo a ellos— les corresponde dejarlo correr o estrangularlo.

El conocimiento conduce a un pueblo a la libertad, privarlo del mismo lo hace esclavo de un sistema perverso en el cual son simples marionetas en manos de unos verdugos sin escrúpulos. Hay que romper sin miedo las cadenas que nunca debimos aceptar. Como parte de este mismo pueblo me declaro libre y por ello, al más puro estilo zolaciano, proclamo: ¡Yo acuso!
Yo acuso a todos aquellos que han sido partícipes o cómplices de la innoble corrupción, expoliando así a un pueblo indefenso.
Yo acuso a todos aquellos que han menospreciado años de lucha por la conquista de unos derechos históricos, golpeando así a un pueblo heroico en la base de su libertad.
Yo acuso a todos aquellos que ven en la esclavitud de un pueblo su éxito afianzado, deshumanizándolo y arrebatándole por la misma su dignidad.
Yo acuso a todos aquellos que ante el profundo sufrimiento de un pueblo abatido muestran la más gran indiferencia, muestra infame de su absoluta crueldad.
Yo acuso a todos aquellos que han hecho creer al pueblo su libertad, encerrándolo así en la pantomima de esta falsa democracia.
Finalmente, yo acuso a todos aquellos que vapulean sin razón a un pueblo en su acto de rebelión, acusándolo de insensato, violento, radical, irresponsable, antidemocrático… y que a guisa de castigo le reprime violentamente. Pues, qué es la revuelta de un pueblo sino un acto de amor y de generosidad.
Pueblo, como la palabra te quiero libre y valiente, rompe tus cadenas y abraza la libertad.

viernes, 25 de noviembre de 2011

EL ARRIBISMO POLÍTICO.






“Ésta se hallaba llena de gente, porque cada uno había vuelto a su sitio para ver pasar a los novios. Él avanzaba lentamente, con paso firme, la cabeza alta, los ojos fijos en el vano de la puerta llena de sol. Por su piel corría ese frío estremecimiento que dan las grandes dichas. No veía a nadie. No pensaba más que en sí mismo. Cuando llegó al umbral, vio ante sí la masa negra y rumorosa de la multitud que había acudido allí por él, George Duroy. El pueblo de Paris lo contemplaba y lo envidiaba. Luego, alzando los ojos, vio a distancia, al otro lado de la plaza de la Concordia, la Cámara de los diputados, y le pareció que iba a saltar desde el pórtico de la Madeleine hasta el pórtico del Palacio Borbón.” (Bel-Ami, Guy de Maupassant). Así clausuraba su novela Guy de Maupassant. George Duroy es el ejemplo por antonomasia del perfecto arribista, pero representa a su vez el prototipo ideal del político dichoso. En efecto, ¿quién no conoce a un George Duroy? Siempre han existido y siguen existiendo tales personajes los cuales la literatura, como buen espejo del mundo, ha sabido recoger y ejemplificar a lo largo de los distintos escritos.
Un hombre ávido de poder, cegado por el éxito social y económico, un hombre que de la nada se ve propulsado a la cima valiéndose de procedimientos disímiles, ajenos a cualquier tipo de moral y ética, con el único fin de cumplir con un destino que él mismo se ha trazado, forjado en su codicia insaciable.
Así pues, la conocida como clase política, término acuñado por Gaetano Mosca, se convierte así en el estandarte del arribismo político. Concepto, el de clase política, al cual conviene dedicar algunas líneas. Dicha noción entra en la teoría elitista del ya citado Gaetano Mosca, la cual aboga por la existencia de una élite que monopoliza el poder político controlando así el acceso a la misma de forma burocrática. Por lo que debemos entender que, en cuanto a regeneración de la denominada clase política, no prima la vía de la competencia sino más bien "el derecho de sucesión". Asistimos entonces, y en cierta medida, a la creación de una pequeña oligarquía particular por así decirlo, donde se premia la falta de escrúpulos en detrimento de la honradez y la decencia. Hablemos pues de clase política en general y de arribismo político en particular, cuyo modo de empleo entenderemos en nuestro particular manual del buen arribista. No obstante, queda un atisbo de esperanza, pues hay insurrectos en las filas.

domingo, 13 de febrero de 2011

MADAME BOVARY A TRAVÉS DE LUCIA DI LAMMERMOOR


El Amor es un tema sobre el cual se han escrito páginas y páginas. Por consecuente he querido, tal día como hoy, dedicar esta entrada al Amor. Se podría decir muchas cosas del y sobre el Amor.
¿Cuántas veces hemos amado o deseado amar y ser amados? ¿Cuántas formas de Amor hemos pensado e inventado? Tantas preguntas muchas veces sin respuestas acuden a nuestra mente cuando nos paramos a pensar en tan noble sentimiento.
Madame Bovary ha sido sin duda una de las grandes obras si no LA gran obra de Gustave Flaubert. Emma es una de las figuras clave de esta novela y representa en ella la esencia misma de un romanticismo en declive. En uno de los pasajes Flaubert se inspira en la Ópera de Lucia di Lammermoor, a través de la cual Emma, sin aún saberlo, está siendo testigo de su propia tragedia, así asistimos a la unión ineluctable de dos mujeres, Emma y Lucía, unidas por una pasión que no tiene más desenlace que la muerte, la muerte de una esperanza, de unas ilusiones, en definitiva de una era.
Aquí os dejo un pequeño vídeo de mi propia cosecha en donde podréis leer un pasaje de esta famosa obra de Flaubert (traducido al castellano) acompañado del famoso sexteto de la Ópera de Lucia di Lammermoor al cual remite la escena. (Emma está viendo la Ópera)
Espero que sea de vuestro agrado y lo disfrutéis.




 

jueves, 10 de febrero de 2011

SOBRE PRÍNCIPES Y PRINCESAS.



Es indudable que los cuentos han marcado nuestra infancia. Por lo mismo han tenido una influencia de forma consciente o inconsciente en nuestra vida adulta.
¿Esos cuentos infantiles son tan inofensivos como parecen? ¿O son una bomba de relojería peligrosa?
Los cuentos han acunado nuestra infancia esto es una obviedad, pero por otro lado han contribuido a la asimilación de comportamientos y modelos que resultan ser obsoletos para nuestros tiempos. Estos son a la vez un reflejo de las costumbres de una sociedad, hecho por el cual es importante que estos relatos se adapten a los cambios sociales. Docere et delectare, decía Aristóteles en su Ars poetica. Función que podemos decir cumplen los cuentos infantiles. Si vamos más allá, siguiendo de nuevo a Aristóteles cuyos conceptos sobre el teatro son aquí también aplicables, los cuentos proporcionan una información sobre las buenas costumbres y los modelos a seguir, es de esperar, por lo tanto, que el receptor los integre y los imite. Asimismo, conviene aquí preguntarse si las costumbres y modelos que vehiculan los cuentos son adecuados en la actualidad.
Ahora bien, dicho lo anterior, fijémonos en el papel que desempeña la mujer en estos cuentos. Esas mujeres son princesas, frágiles e ingenuas. Respecto a sus características intelectuales no podemos hacer ninguna apreciación ya que es latente que están ausentes del estereotipo de la princesa. Al igual que es harto sencillo constatar la pasividad de estas mujeres. La cenicienta, la Bella Durmiente, Blancanieves, etc., son mujeres que no se caracterizan precisamente por tener un papel activo en el relato, permanecen a la espera y en el sueño. Así me vienen unas palabra de Hélène Cixous “Lit de naissance-lit d’accouchement- lit de mort” (“Cama de nacimiento- cama de parto- cama de muerte”), palabras con las cuales la autora define la vida de la mujer. De ahí que la mujer sea un objeto pasivo e inanimado en lugar de ser un sujeto pensante, activo e independiente. La primera percepción de la mujer es justamente la que vehiculan estos cuentos.
Años de lucha para cambiar el papel y la percepción de la mujer en la sociedad, para crear un nuevo referente femenino otro que el establecido por el patriarcado, para finalmente transmitir de forma incansable un viejo patrón que ya no tiene cabida en nuestra realidad.
Encontramos, entonces, en esos cuentos a mujeres que están “adormecidas” a la espera de que empiece su vida, y su vida empieza cuando el príncipe las libera de su desgracia porque ellas obviamente son incapaces de hacerlo por ellas mismas, por lo tanto adquiere felicidad y libertad a través de la figura masculina. Este mensaje perceptible para una mente adulta como la nuestra es imperceptible para la mente de un niño o de una niña, sin embargo tiene efectos más devastadores dado el hecho de que se impregnan profundamente en su inconsciente asimilándose así plenamente. Esta asimilación es por lo tanto más fácil si contamos con el hecho de que a esas edades la barrera entre la realidad y lo imaginario son ínfimas, el problema acontece entonces cuando llegamos a la edad adulta. El cuento permanece en nuestro interior y esperamos vivir nuestro propio cuento en donde seamos el protagonista, las mujeres por lo tanto esperan a su vez SU príncipe azul. No obstante, ellas no son esas princesas ni ellos esos príncipes.
Antes de proseguir, hablemos de la figura del príncipe que tampoco hace justicia a los hombres. Este aparece siempre al principio y al final del cuento, y su presencia no es demasiado relevante, tampoco tenemos demasiada, por no decir ninguna, información acerca de su perfil psicológico. Su caracterización se basa única y exclusivamente sobre aspectos físicos.
Los hombres y las mujeres de hoy en día no se asemejan en nada a esos patrones, así las mujeres sienten una inadecuación respecto a esa princesa que un día quiso ser, lo mismo ocurre con el hombre cuyo caso es un tanto más complejo, ya que así como las mujeres han sabido crear un nuevo referente femenino, los hombres sin embargo carecen de uno que pueda adecuarse al referente renovado de la mujer, lo que acaba por acarear un problema relacional entre ambos sexos.
Todo esto nos lleva a preguntarnos si es conveniente seguir transmitiendo este tipo de valores, y en el caso de hacerlo, no habría que investirlos de una mirada crítica. No obstante ¿no sería más apropiado actualizar dichos cuentos adaptándolos a nuestros tiempos?
Lo cierto es que no podemos pretender romper con unos valores y querer implantar unos nuevos si seguimos transmitiendo esos mismos valores en mi opinión obsoletos, todavía arraigados en un pasado sumido en el más férreo patriarcado.
Y para acabar con un toque de humor, pensárselo dos veces antes de leer estos tipos de cuentos a una niña si no queremos que una vez llegada a la edad adulta, tras descubrir que su príncipe azul no existe y que por lo tanto no vendrá nunca a rescatarla de su triste vida, se pase los treinta años siguientes en cura psicoanalítica.  

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